Módulo 1: Fundamentos del cannabis y el CBD
Usos históricos del cannabis en España y Europa
La historia del cannabis en Europa y, particularmente en España, es mucho más rica y compleja de lo que habitualmente se conoce. Lejos de ser una planta introducida recientemente o asociada únicamente a usos recreativos modernos, el cannabis —y especialmente el cáñamo— ha formado parte del tejido cultural, económico y medicinal europeo durante milenios. Comprender esta larga trayectoria histórica nos ayuda a contextualizar el actual renacimiento del interés por el CBD y otros cannabinoides, y a apreciar que estamos ante una planta con profundas raíces en nuestra propia tradición.
Presencia antigua y difusión por Europa
Las evidencias arqueológicas y los estudios paleoecológicos demuestran que el cannabis estuvo presente en Europa desde tiempos prehistóricos. La planta llegó al continente a través de migraciones humanas y rutas comerciales, estableciéndose gradualmente en diferentes regiones donde las condiciones climáticas y agrícolas lo permitían. En el caso de la Península Ibérica, diversos estudios arqueobotánicos confirman que el cannabis fue introducido en períodos protohistóricos mediante procesos de difusión humana, adaptándose posteriormente a las condiciones locales y convirtiéndose en un cultivo establecido [1][2].
Durante la Edad del Bronce, el cáñamo ya se utilizaba como planta de fibra en varias zonas de Europa. Las comunidades agrícolas de la época valoraban sus tallos fibrosos, que ofrecían una materia prima resistente y versátil para la fabricación de cuerdas, cordajes y tejidos toscos. Estos usos utilitarios del cáñamo se mantuvieron y expandieron a lo largo de los siglos, convirtiéndose en una parte integral de la economía agraria medieval y moderna en muchas regiones europeas [3][4].
La continuidad del cultivo y uso del cannabis desde la antigüedad hasta la época medieval demuestra que esta planta no era vista como algo exótico o problemático, sino como un recurso natural valioso que formaba parte del paisaje agrícola y de las prácticas cotidianas de las poblaciones europeas.
El cáñamo en la medicina tradicional europea
Más allá de sus aplicaciones industriales, el cannabis también ocupó un lugar destacado en la medicina tradicional europea desde la Edad Media. En los herbarios anglosajones y en las prácticas médicas de la Inglaterra medieval, el cannabis aparece mencionado como parte de la materia médica, es decir, del conjunto de sustancias utilizadas con fines terapéuticos. Esta tradición medicinal se mantuvo viva a través de los siglos Tudor y Estuardo, mostrando una continuidad notable en el reconocimiento de las propiedades medicinales de la planta hasta bien entrada la época moderna [5].
En España, las revisiones históricas documentan que el consumo y uso del cannabis con fines terapéuticos se remonta a tiempos antiguos, y que estas prácticas continuaron a lo largo de los siglos en diversas regiones de la península. El cannabis formaba parte de los remedios populares y de las preparaciones que se empleaban para aliviar diversas dolencias, integrándose en el acervo de conocimientos médicos tradicionales transmitidos de generación en generación [6].
Las indicaciones para las que se empleaba el cannabis en la medicina europea eran variadas. Los registros históricos mencionan su uso para tratar calambres y convulsiones, problemas respiratorios como el asma, trastornos del sueño, migrañas y otros tipos de dolor —incluido el dolor menstrual—, así como su aplicación como antiespasmódico y analgésico general. Estas aplicaciones no eran fruto del azar o de creencias infundadas, sino que reflejaban siglos de observación empírica y práctica médica acumulada [3].
Cannabis en las farmacopeas oficiales
Lo que resulta particularmente revelador es que el cannabis no solo formó parte de la medicina popular o tradicional, sino que también fue incorporado en las farmacopeas oficiales de varios países europeos. Las farmacopeas son compendios oficiales que recogen los medicamentos reconocidos y autorizados en un país o región, estableciendo estándares de calidad y uso. El hecho de que el cannabis figurase en estos documentos oficiales demuestra su legitimidad como agente terapéutico en el marco de la medicina ortodoxa.
En Inglaterra, el cannabis fue tratado como una hierba medicinal legítima desde la época anglosajona hasta los siglos XVIII y XIX, siendo recomendado por médicos profesionales en diversas situaciones clínicas. En los Países Bajos y otras partes de Europa continental, las farmacopeas oficiales incluyeron preparaciones de cannabis —como el «Extractum Cannabis indicae»— durante el siglo XIX y, en algunos casos, hasta bien entrado el siglo XX. La farmacopea holandesa, por ejemplo, mantuvo el extracto de cannabis en su listado oficial hasta 1958, lo que indica que el reconocimiento terapéutico formal de esta planta persistió en algunos países europeos hasta mediados del siglo pasado [3][5].
En España, y más concretamente en Cataluña, existen evidencias documentadas del uso farmacéutico del cannabis en el ámbito clínico durante el siglo XIX y principios del XX. En Barcelona, el «Extractum Cannabis» (extracto de cáñamo) se utilizaba para el tratamiento sintomático de molestias gastrointestinales menores y dispepsia, formando parte activa de la práctica médica y farmacéutica local hasta 1939. Este dato es especialmente significativo porque muestra que, en pleno siglo XX, profesionales sanitarios españoles seguían prescribiendo y dispensando preparaciones de cannabis como parte de su arsenal terapéutico [7].
El siglo XIX representó, de hecho, un período de especial interés clínico por el cannabis en Europa. La literatura médica de la época refleja una atención creciente hacia esta planta y sus aplicaciones terapéuticas, alcanzando un punto álgido de prescripción y reconocimiento hacia finales del siglo XIX. Médicos de diversos países europeos estudiaron y documentaron los efectos del cannabis, contribuyendo a un cuerpo de conocimiento médico que, aunque no contaba con las herramientas científicas modernas, se basaba en la observación clínica sistemática y en la experiencia acumulada [4].
El cáñamo industrial: pilar de la economía y la navegación
Mientras el cannabis desempeñaba un papel en la medicina, su cultivo industrial como cáñamo constituía un sector económico de enorme importancia en Europa y, particularmente, en España. El cáñamo era esencial para la producción de fibras resistentes que se empleaban en la fabricación de cuerdas, cordajes, velas de barco y tejidos toscos. Estas aplicaciones no eran secundarias o marginales: eran fundamentales para la economía preindustrial y, especialmente, para el desarrollo del poder naval.
En España, el impulso de la marina y el desarrollo naval estimularon de manera decisiva el cultivo de cáñamo en todo el territorio. Las flotas españolas, tanto militares como mercantes, dependían de enormes cantidades de cuerda y lona para el aparejo y velamen de sus navíos. El cáñamo, por su resistencia a la tracción y su relativa resistencia a la putrefacción cuando se procesaba adecuadamente, era la materia prima por excelencia para estos fines. Desde la época de la expansión marítima española en los siglos XV y XVI, y durante todo el período de esplendor naval, el cáñamo fue un cultivo estratégico cuya producción se fomentó activamente en las regiones de la Península Ibérica donde el clima y el suelo lo hacían viable [2][6].
El cultivo de cáñamo se integraba en las economías agrarias regionales, y los agricultores españoles cultivaban esta planta respondiendo tanto a la demanda marítima como a las necesidades industriales y domésticas locales. Más allá de las cuerdas y velas, el cáñamo también suministraba fibras para la confección de tejidos toscos y utilitarios —como sacos, telas para uso agrícola o vestimentas de trabajo— que eran habituales entre las poblaciones rurales [3][6].
Otro uso industrial relevante del cáñamo fue la producción de papel. Antes de la generalización de la pasta de madera en la fabricación papelera, el papel europeo se elaboraba frecuentemente a partir de trapos de lino y cáñamo. Las fibras de cáñamo contribuyeron así a la industria del papel preindustrial y de los primeros tiempos de la industrialización, proporcionando un material duradero y de calidad para la impresión de libros, documentos y periódicos [6].
Esta multiplicidad de usos —marítimo, textil, papelero— convertía al cáñamo en un cultivo multifuncional que sostenía sectores clave de la economía. En Cataluña y otras regiones españolas, la coexistencia del cultivo industrial de cáñamo con el uso medicinal de sus extractos muestra cómo esta planta estaba profundamente integrada en distintos ámbitos de la vida social y económica: los agricultores cultivaban cáñamo para la industria, mientras que los farmacéuticos preparaban extractos de cannabis para dispensarlos en sus boticas [7][2][6].
Declive y cambio en el siglo XX
Tras alcanzar un punto de máximo reconocimiento médico y utilización industrial a finales del siglo XIX, el cannabis experimentó un marcado declive durante el siglo XX. Este cambio no fue súbito ni uniforme en todos los países, sino que respondió a una serie de transformaciones legales, sociales y tecnológicas que alteraron profundamente el estatus de la planta.
En el ámbito médico, el interés clínico por el cannabis comenzó a disminuir en las primeras décadas del siglo XX. Varios factores contribuyeron a este repliegue: la aparición de nuevos medicamentos sintéticos con efectos más predecibles y estandarizables, las dificultades para controlar la dosificación de los extractos naturales de cannabis, y los cambios en las actitudes sociales y políticas hacia las sustancias psicoactivas. A medida que avanzaba el siglo, las farmacopeas europeas fueron retirando progresivamente las preparaciones de cannabis de sus listados oficiales, aunque el ritmo de este proceso varió según el país. Como se mencionó anteriormente, en los Países Bajos el extracto de cannabis permaneció en la farmacopea oficial hasta 1958, y en Barcelona se siguió utilizando clínicamente hasta 1939, lo que indica que la retirada del cannabis de la medicina oficial fue un proceso gradual y desigual [3][7].
En el plano legal, el siglo XX fue testigo de un movimiento general hacia la prohibición del cannabis psicoactivo en muchas jurisdicciones, impulsado por políticas de salud pública y por movimientos internacionales de control de drogas. Aunque las fuentes históricas documentan esta tendencia general y ofrecen ejemplos concretos de fechas y prácticas en determinados lugares de España y Europa, los detalles específicos de la legislación española —las leyes concretas y sus fechas de promulgación— requieren una investigación más profunda en fuentes legales primarias. Lo que sí está claro es que, a lo largo del siglo XX, el cannabis pasó de ser una planta de uso médico y agrícola aceptado a convertirse en una sustancia controlada y, en muchos contextos, prohibida [8][4].
En el ámbito agrícola, el cultivo de cáñamo también sufrió una drástica reducción. La aparición de fibras sintéticas como el nylon y el poliéster, que ofrecían propiedades similares o superiores a las del cáñamo a menor coste, redujo la demanda industrial de fibra natural. Además, las restricciones legales asociadas al control del cannabis dificultaron el cultivo de cáñamo incluso para fines industriales, a pesar de que las variedades de cáñamo industrial contienen niveles mínimos o nulos de THC. Esta combinación de factores económicos, tecnológicos y legales condujo al abandono progresivo de los campos de cáñamo que habían sido comunes en España y en toda Europa durante siglos [6].
Legado cultural y revalorización histórica
A pesar del declive del siglo XX, el legado histórico del cannabis en Europa y España es innegable. Los registros arqueológicos, históricos y etnográficos demuestran que el cáñamo estuvo profundamente arraigado en las prácticas agrarias, industriales, médicas y populares a lo largo de los siglos. Desde la Edad del Bronce hasta el siglo XX, esta planta acompañó el desarrollo de las sociedades europeas, contribuyendo a la economía, a la medicina y a la vida cotidiana de millones de personas [1][2][6].
En las últimas décadas, el interés renovado por el cannabis medicinal y, más recientemente, por el CBD y otros cannabinoides no psicoactivos, ha llevado a historiadores y científicos a revisar y revalorizar este pasado. Estudios recientes en historia de la farmacia, como el análisis del uso del «Extractum Cannabis» en Barcelona, buscan recuperar y documentar las prácticas terapéuticas históricas para informar los debates contemporáneos sobre el cannabis medicinal. Este trabajo de recuperación histórica subraya la legitimidad y la larga tradición del uso terapéutico de las preparaciones de cáñamo en Europa, y ayuda a desmitificar la planta al mostrar que su empleo con fines medicinales no es una novedad moderna, sino una continuidad de prácticas ancestrales [7].
Comprender que el cannabis formó parte de la farmacopea europea durante siglos, que fue un cultivo estratégico para la economía española, y que médicos y farmacéuticos lo prescribieron y dispensaron de forma rutinaria hasta bien entrado el siglo XX, nos permite situar el actual resurgimiento del interés por el CBD en su contexto histórico adecuado. No estamos ante una moda pasajera o una importación cultural ajena, sino ante la recuperación de un conocimiento y una tradición que siempre formaron parte de nuestra historia.
Conclusión
La historia del cannabis en España y Europa es una historia de continuidad, adaptación y cambio. Desde su llegada a la Península Ibérica en tiempos prehistóricos hasta su amplio uso medicinal e industrial en los siglos XVIII y XIX, el cannabis —en forma de cáñamo para fibra o de extractos para uso terapéutico— fue un elemento familiar y valorado en la vida europea. Su declive en el siglo XX, motivado por transformaciones legales, sociales y tecnológicas, no borra el hecho de que durante milenios esta planta fue parte integral de nuestra cultura.
Hoy, al explorar el potencial del CBD y otros cannabinoides, no estamos descubriendo algo completamente nuevo, sino redescubriendo y reevaluando con herramientas científicas modernas una planta que nuestros antepasados conocieron, cultivaron y utilizaron durante generaciones. Conocer esta historia nos ayuda a apreciar la profundidad de la relación entre el ser humano y el cannabis, y nos ofrece una perspectiva más rica y matizada sobre el lugar que esta planta puede ocupar en nuestro presente y futuro.
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📚 Referencias científicas
[1] Usó i Arnal, J. C. (2017). Cannabis en España. Continuidades y puntos de inflexión históricos.
[2] Merlin, M. D. (2003). Archaeological evidence for the tradition of psychoactive plant use in the Old World. *Economic Botany*, 57(3), 295-323.
[3] Riboulet-Zemouli, K., & Allué, J. (2024). Hemp Extract (Extractum Cannabis) in the Treatment of Gastrointestinal Distress and Dyspepsia: Historical Insights from Barcelona, Spain. *Pharmaceuticals*, 17(12), 1585. https://doi.org/10.3390/ph17121585
[4] Crawford, V. (2002). A Homelie Herbe: Medicinal Cannabis in Early England. *Journal of Cannabis Therapeutics*, 2(2), 71-83. https://doi.org/10.1300/J175V02N02_05
[5] Zuardi, A. W. (2006). History of cannabis as a medicine: a review. *Revista Brasileira de Psiquiatria*, 28(2), 153-157. https://doi.org/10.1590/S1516-44462006000200015
[6] Russo, E. B. (Ed.). (2002). *Cannabis and Cannabinoids: Pharmacology, Toxicology, and Therapeutic Potential*. Routledge.
[7] van Wilgenburg, H. (2006). Farmacologie van cannabis. *Verslaving*, 2(4), 11-24. https://doi.org/10.1007/BF03075385
[8] Sigamani, R. M. S. (2023). The history of cannabis: a story of coevolution and human discovery. In *Cannabis and Cannabinoids* (pp. 1-18). De Gruyter. https://doi.org/10.1515/9783110718362-001
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